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Encuentros del Qhòn

El vínculo en Bolivia
Se trata de un proyecto mítico, en esta fase constó de las travesías de un pequeño grupo de artistas músicos de Senegal para el encuentro e intercambio cultural con músicos en Bolivia, en coordinación con un gran artista con quien tuve el agrado de compartir importantes anécdotas: Roberto,  siempre involucrado en temas y proyectos interesantes, como aquel Taller Experimental de Arte, el TEA que entre otros colectivos como los LGBT, nosotros los Humanistas, y algunos más que no recuerdo, constituían la referencia y resguardo cultural y generacional de la ciudad blanca en un fuerte momento de inflexión política en la segunda mitad de la década pasada. Conocí a Roberto unos años antes en Cochabamba, como parte de los artistas movilizados en contra de la privatización de la Cultura dentro del organigrama de la Alcaldía; con el tiempo y otros encuentros y anécdotas, también laborales, hemos sabido mantener el contacto y la amistad; hoy por hoy, él es parte de la comunidad Kurmis de Tiquipaya, en las cercanías al Parque de Estudio y Reflexión Montecillo, donde también se nos acercaría un día a dar una mano en un tallercito de materiales fríos que se tradujo en la reproducción por medio de moldes de una importante cantidad de pequeñas salitas, pequeños prototipos que a la usanza de la cultura andina, nos funcionaron como “alasitas” en el arranque de la construcción de la Sala de Meditación del PERM. Es en el seno de la comunidad Kurmis que se inicia la gesta por el contacto para intercambio cultural con un singular grupo de maestros músicos, el ballet “Diamora”, desde el África a América del Sur, en un contexto actual y diferente a la experiencia cultural previa de esclavismo y colonización europea. Ahora el vínculo que se construyó para superar meses de desencuentros, dificultades, accidentes y postergaciones, era el vínculo de la libertad.

El primer encuentro
Hubieron dos intentos previos que fracasaron, primero en el Inti Raymi, y luego para el día de la raza, 12 de octubre, y así se iba el año 2017 cuando sin previo aviso, nos cuenta Roberto, un día le llegó una llamada desde Santa Cruz que le decían que habían tres africanos en un hotel que solo hablaban francés y que lo buscaban a él, que estaba en medio del monte en la localidad de Entre Ríos, de la zona del Chapare. Se trataba de una muestra de la voluntad del ballet “Diámora”, con la presencia de dos maestros cuyo arte vienen cultivando de generación en generación por tradición oral en el interior de sus familias, clanes dedicados a la música. Se dio con ello el primer encuentro, con una incursión por el territorio nacional que finalizaba con una despedida en el teatro Meraki en Santa Cruz, el escenario ideal para una presentación de esta investidura, fue la primera vez que los vi: al León en su danza y al maestro de las percusiones, y si bien no eran los 30 músicos que se esperaban, el intercambio ya se estaba dando y cobró fuerza, pues se trazó un nuevo objetivo de conseguir que el resto del ballet llegue para presentarse en el carnaval.

El trance
Muchos silencios y una angustiante falta de retroalimentación en la información, sobre todo para la organización, tampoco era fácil ni se esperaba menos con los antecedentes ya citados, y hubo que tener mucha paciencia y consecuencia en un equipo de trabajo consolidado en varias ciudades de Bolivia, no puedo dejar de destacar la consecuencia de Elva Quintela acá en Santa Cruz con quien pudimos coordinar brevemente. Las cosas se dieron y desencadenaron para el último día del carnaval, de manera inesperada: llegaron. En dos semanas recorrieron La Paz, Cochabamba, Oruro y finalmente Santa Cruz. Circulaban algunas fotos, algunos comentarios bastante escuetos, que de igual manera, poco lograrían traducir o comunicar en cuanto a la real dimensión de lo que este intercambio cultural iba logrando, y que si bien es la intención de este escrito desdoblar las imágenes de algunas concentradas experiencias, lo más valioso es el futuro que esto abre más allá de las falencias organizacionales, luego puedo decirme a mi mismo que acá se estaba pariendo el espíritu de estos encuentros del Qhòn, que quién sabe cómo seguirá en adelante, pero que vale la pena estar muy atentos. Y como colorario, lo que más me conmocionó fue un momento de la presentación acá en Santa Cruz, en la Casa de la Cultura, en combinación con el conjunto de Saya Afro-Boliviana: “Unión Afro”, mientras interpretaba música saya con la acotación de Roberto: entre otros hechos del intercambio, los amigos africanos no se contuvieron y se sumaron con sus tambores, cantos y percusiones a esa música afro-boliviana, en un hecho que me elevó al ritmo de las palpitaciones del corazón, ya enganchado con la melodiosa potencia de la saya en una mágica integración y posterior contrapunteo entre el afro-boliviano y los matices de la percusión senegalesa, atravesando el tiempo histórico con una misma fuerza inmutable entre la colonia, la esclavitud y la libertad y el futuro abierto, entre los matices de un tiempo y del otro, todo expresado en golpes de tambor y sensación de bombeo cardiaco; ese instante me duró una eternidad y lo agradezco profundamente, por la fuerza viva de la cultura negra de la cual intuyo su toque en algún recodo de mis genes mestizos fascinados con semejante muestra de alegría y sintonía.

La presentación en Santa Cruz fue excepcional, y seguro que así fue en todos lados, donde siempre hubo interacción con lo autóctono de cada lugar, acá se incluyó a la “Danza Chiquitana” de la mano de Ciro Morón y otras presentaciones juveniles de baile moderno, break dance y tambores urbanos, que al finalizar la noche y extendiendo el tiempo más allá de lo previsto, concluyó con todos sobre el escenario, a iniciativa del maestro Ibrahima Sarr: todos al escenario, era una fiesta, hasta la pequeña Adriana pudo desatar sus locas ansias por ir a bailar al lado del León.

La Despedida

Al día siguiente, en comunicación con Roberto, y luego de recoger a Adriana para ir a casa, llegamos a la residencial donde aún aguardaban cuatro de los grandes maestros llegados del Senegal antes de partir de vuelta pasando primero por Brasil, pues ya el resto del ballet había emprendido su retorno. Me dirigí a ellos en un Frances primitivo, atinado solo a saludar con “bonsoir” y ni saber qué responder, hablé nomás en español a tropezones de emoción, agradeciendo la visita, el arte, el tiempo y en un intento de gesto de respeto y admiración por la cultura del África musulmana, llevando las manos juntas en plegaria con la cabeza agachada les dije “Alhamdulillah”, tal como lo aprendí de tantos relatos de amigos misioneros humanistas en África que me lo enseñaron, como le expliqué en mi extraño español al maestro Birima Mbaye, y que en una inusual integridad y convicción, no muy común en tantas ciudades que he conocido, los otros maestros, me respondieron también: “Alhamdulillah”. Pienso ahora en esa fuerza espiritual, en una balanza que impone su centro de gravedad a lo que podría esperarse en cuanto a lo organizacional, ellos estaban bien, y me parece retornarían bien tranquilos a sus lugares, mientras Roberto estaba ausente, por otro lado de la ciudad, velando por el aspecto económico que no fue muy favorable al final de esta excepcional movida. No es fácil, pero vale la pena seguirle el hilo a los Encuentros del Qhòn.


Comentarios

  1. Muy buena actividad. Y fuimos parte de un encuentro único y Ojalá muchos más

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