»La Tercera Edad terminó así con victoria y esperanza; pero uno de
los más tristes en medio de todos los dolores de aquella Edad fue la separación
de Elrond y Arwen, porque era el Mar el que los separaba, y un destino más allá
del fin del mundo. Cuando el Gran Anillo fue destruido, y los Tres quedaron
despojados de todo poder, Elrond, cansado al fin, abandonó la Tierra Media para
nunca más regresar. Pero Arwen había elegido ser una mujer mortal, y su destino
no quiso sin embargo que muriese antes de haber perdido todo lo que había
ganado.
»Como Reina de los Elfos y de los Hombres, vivió con Aragorn
durante ciento veinte años de gloria y de ventura; pero al fin Aragorn sintió
que se acercaba a la vejez, y supo que los días de aquella larga vida estaban
terminando. Entonces le dijo a Arwen: "Al fin, Dama Estrella de la Tarde,
la más hermosa de este mundo y la más amada, mi mundo empieza a desvanecerse. Y
bien: hemos recogido y hemos gastado, y ahora se aproxima el momento de
pagar."
»Arwen sabía muy bien lo que él pensaba hacer, pues lo había
presentido hacía largo tiempo; y a pesar de todo, el dolor la abrumó:
"¿Querrías, entonces, mi señor, abandonar antes de tiempo a
los tuyos que viven de tu palabra?", dijo.
»"No antes de mi tiempo", respondió él. "Si no parto
ahora, pronto tendré que hacerlo por la fuerza. Y Eldarion nuestro hijo es un
hombre ya maduro."
«Entonces, fue a la Casa de los Reyes en la Calle del Silencio, y
se tendió en el largo lecho que le habían preparado. Allí le dijo adiós a
Eldarion y le puso en las manos la corona alada de Gondor y el cetro de Arnor;
y entonces todos se retiraron excepto Arwen, y allí se quedó junto al lecho de
Aragorn. Y no obstante la gran sabiduría de su linaje, no pudo dejar de
suplicarle que se quedara todavía por algún tiempo. Aún no estaba cansada de
los días y ahora sentía el sabor amargo de la mortalidad que ella misma había
elegido.
»"Dama Undómiel" dijo Aragorn, "dura es la hora sin
duda, pero ya estaba señalada el día en que nos encontramos bajo los abedules
blancos en el jardín de Elrond, donde ya nadie pasea. Y en la Colina de Cerin
Amroth cuando tú y yo rechazamos la Sombra y renunciamos al Crepúsculo,
aceptamos este destino. Reflexiona un momento, mi bienamada y pregúntate si en
verdad preferirías que esperara a la muerte, y verme caer del trono achacoso y
decrépito. Oh Dama, soy el último de los Númenóreanos y el último Rey de los
Días Antiguos; y a mí me ha sido concedida no sólo una vida tres veces más
larga que la de los hombres de la Tierra Media, sino también la gracia de
abandonarla voluntariamente, y de restituir el don. Ahora, por lo tanto, me voy
a dormir.
»"No te diré palabras de consuelo, porque para semejante
dolor no hay consuelo dentro de los confines de este mundo; a ti te toca una
última elección: arrepentirte y partir hacia los Puertos llevándote contigo
hacia el oeste el recuerdo de los días que hemos vivido juntos, un recuerdo que
allí será siempre verde, pero sólo un recuerdo; o de lo contrario esperar el
Destino de los Hombres."
»"No, amado señor" dijo ella, "esa elección ya no
existe desde hace largo tiempo. No hay más navíos que puedan conducirme hasta
allí, y tendré en verdad que esperar el Destino de los Hombres, lo quiera o no
lo quiera. Pero una cosa he de decirte, Rey de los Númenóreanos: hasta ahora no
había comprendido la historia de tu pueblo y la de su caída. Me burlaba de
ellos, considerándolos tontos y malvados, mas ahora los compadezco al fin.
Porque si en verdad éste es, como dicen los Eldar, el don que el Uno concede a
los hombres, es en verdad un don amargo."
»"Así parece" dijo él. "Pero no nos dejemos abatir
en la prueba final, nosotros que otrora renunciamos a la Sombra y al Anillo.
Con tristeza hemos de separarnos, mas no con desesperación.
¡Mira! No estamos sujetos para siempre a los confines del mundo, y del otro
lado hay algo más que recuerdos. ¡Adiós!"
»"¡Estel, Estel!" —exclamó Arwen, y mientras le tomaba
la mano y se la besaba, Aragorn se quedó dormido. Y de pronto, se reveló en él
una gran belleza, una belleza que todos los que más tarde fueron a verlo
contemplaron maravillados, porque en él veían unidas la gracia de la juventud y
el valor de la madurez, y la sabiduría y la majestad de la vejez. Y allí yació
largo tiempo, una imagen del esplendor de los Reyes de los Hombres en la gloria
radiante anterior al desgarramiento del mundo.


»Pero Arwen salió de la Casa y la luz se le había extinguido en
los ojos, y a los suyos les pareció que se había vuelto fría y gris como un
anochecer de invierno que llega sin una estrella. Entonces dijo adiós a
Eldarion, y a sus hijas, y a todos aquellos a quienes había amado; y abandonó
la Ciudad de Minas Tirith y se encaminó al país de Lorien, y allí vivió sola
bajo los árboles que amarilleaban hasta que llegó el invierno. Galadriel había
desaparecido y también Celeborn había partido, y el país estaba silencioso.
»Y allí por fin, cuando caían las hojas de mallorn pero no había llegado aún la
primavera, se acostó a descansar en lo alto de Cerin Amroth; y allí estará la
tumba verde, hasta que el mundo cambie, y los días de la vida de Arwen se hayan
borrado para siempre de la memoria de los hombres que vendrán luego, y la elanor y la niphredil no florezcan más al este del Mar.
»Aquí termina esta historia, tal como ha llegado a nosotros desde
el sur; y después de la desaparición de Estrella de la Tarde nada más se dice
en este libro acerca de los días antiguos.
..final del Capítulo V: “Un fragmento de la historia de Aragorn y
Arwen extraído de los anales de los reyes y gobernadores”, de la Parte I: “Los
Reyes Númenoreanos”, del Apéndice A: Anales de los Reyes y los Gobernantes, del
libro del “Señor de los Anillos”. J. R. R. Tolkien
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